Las obras del Tren México-Querétaro han permitido recuperar restos de 121 personas, 308 piezas de cerámica completas, 459 figurillas y más de 11 mil herramientas y objetos de piedra. Los descubrimientos proceden de aproximadamente 140 sitios arqueológicos registrados a lo largo del nuevo corredor ferroviario, donde los especialistas investigan la presencia de antiguas sociedades teotihuacanas, toltecas y mexicas. Los resultados, dados a conocer el 19 de octubre de 2026, también revelan conexiones comerciales con regiones tan alejadas como el Golfo de México y la costa del Pacífico.
Los hallazgos se produjeron durante las labores de salvamento arqueológico que acompañan la construcción de los 226.4 kilómetros del ferrocarril entre la Ciudad de México y Querétaro.
Una de las novedades más relevantes es que entre el 60% y el 70% de los materiales recuperados ya ha sido estudiado, un avance que permite reconstruir aspectos de la alimentación, las actividades cotidianas, los rituales funerarios y las relaciones comerciales de las poblaciones que habitaron el centro de México durante siglos.
Para continuar la investigación se han establecido tres laboratorios especializados en cerámica, restos humanos y objetos de piedra, distribuidos en diferentes localidades del estado de Hidalgo.
El Tren México-Querétaro revela 140 sitios con vestigios arqueológicos
El proyecto ferroviario atraviesa una región que desempeñó un papel relevante en la historia prehispánica del centro de México.
A lo largo de sus 226.4 kilómetros de recorrido, los trabajos arqueológicos han permitido registrar alrededor de 140 sitios con evidencias de ocupación humana antigua.
Los especialistas han localizado materiales asociados con diferentes periodos y sociedades, desde asentamientos tempranos hasta poblaciones que habitaron la región poco antes de la llegada de los españoles.
Entre los lugares más relevantes se encuentran:
- Ignacio Zaragoza, en Hidalgo: con vestigios relacionados principalmente con la cultura teotihuacana.
- Tula, Hidalgo: uno de los principales centros históricos de la civilización tolteca, con ocupaciones posteriores.
- El Venado, Hidalgo: un sitio con evidencias culturales que contribuyen al estudio de las poblaciones antiguas de la zona.
- Vista Real, en San Juan del Río, Querétaro: donde se han recuperado materiales y restos humanos.
La distribución de los hallazgos demuestra que el territorio por el que pasará el tren fue utilizado por distintas comunidades durante un periodo prolongado.
Sin embargo, los 140 registros no deben interpretarse como 140 ciudades prehispánicas descubiertas.
Los sitios arqueológicos pueden corresponder a asentamientos, áreas de actividad, contextos funerarios u otros espacios con evidencias materiales de ocupación humana.
Esta distinción resulta fundamental para comprender la magnitud real de los trabajos.
Los principales descubrimientos arqueológicos del Tren México-Querétaro
El volumen de materiales recuperados permite estudiar tanto las costumbres domésticas como las prácticas religiosas y las actividades productivas de las antiguas sociedades.
Los resultados difundidos en octubre ofrecen una primera aproximación a la dimensión del salvamento arqueológico.
| Hallazgo | Cantidad registrada | Importancia histórica |
| Sitios arqueológicos | Alrededor de 140 | Identificar áreas de ocupación y actividad humana |
| Restos humanos | 121 individuos | Investigar condiciones de vida, salud y costumbres |
| Entierros | 78 | Estudiar prácticas funerarias |
| Ofrendas | 12 | Analizar contextos rituales |
| Piezas de cerámica completas | 308 | Conocer alimentación, almacenamiento y ceremonias |
| Figurillas | 459 | Estudiar representaciones y tradiciones culturales |
| Bolsas con fragmentos cerámicos examinadas | 3,800 | Clasificar formas, estilos y periodos |
| Objetos de piedra analizados | Más de 11,000 | Reconstruir actividades productivas y comerciales |
Las cifras corresponden a distintas categorías de registro y análisis. No deben sumarse como si representaran un único inventario de objetos completos.
Por ejemplo, las 3,800 bolsas contienen numerosos fragmentos de cerámica, mientras que los 121 individuos se identificaron mediante el estudio de restos óseos.
El conjunto constituye una fuente de información arqueológica que continuará ampliándose conforme avance el trabajo de laboratorio.
Los restos de 121 personas permiten conocer cómo vivían los antiguos habitantes
Uno de los descubrimientos más significativos corresponde a los restos óseos de 121 individuos, recuperados principalmente en Ignacio Zaragoza, Tula y Vista Real.
Los materiales se conservan en el Laboratorio de Antropología Física, instalado en el ejido de Ignacio Zaragoza, en Tula de Allende.
El equipo, encabezado por el antropólogo físico José Manuel Cervantes Pérez, está integrado por cuatro especialistas.
Su trabajo consiste en estudiar los huesos para determinar características biológicas y posibles evidencias relacionadas con la salud y las actividades desarrolladas durante la vida.
Los 121 individuos fueron identificados en 78 entierros y 12 ofrendas.
Estas cifras no significan que cada entierro contuviera necesariamente una sola persona. Algunos contextos pueden reunir restos correspondientes a varios individuos.
Ya se han analizado los restos de 48 individuos
Hasta el momento, los especialistas han estudiado 48 de los 121 individuos recuperados.
De ellos, 39 corresponden a adultos y nueve a subadultos, una categoría de análisis que comprende personas menores de 21 años.
| Clasificación | Individuos analizados |
| Adultos | 39 |
| Subadultos | 9 |
| Total | 48 |
Los estudios buscan identificar la edad aproximada al fallecimiento, el sexo biológico cuando sea posible determinarlo, las patologías y las marcas que pueden indicar determinadas actividades físicas.
Los huesos también permiten detectar fracturas que ocurrieron durante la vida y posibles procesos de recuperación.
Otro elemento de interés son las huellas de inserción muscular, que pueden aportar indicios sobre los movimientos y esfuerzos repetidos realizados por una persona.
Sin embargo, estas marcas deben interpretarse con precaución y junto con otras evidencias arqueológicas.
Por sí solas no permiten identificar con certeza el oficio de cada individuo.
Cráneos modificados y dientes limados: qué revelan estas prácticas
Entre los restos analizados se han encontrado evidencias de modificaciones craneales y limado de dientes superiores.
Estas prácticas se desarrollaron en diferentes sociedades mesoamericanas y constituyen una fuente importante para el estudio de sus costumbres.
La modificación craneal consistía en alterar progresivamente la forma de la cabeza durante la infancia, cuando los huesos del cráneo todavía estaban en desarrollo.
En determinadas culturas se utilizaban dispositivos que ejercían presión controlada para conseguir formas específicas.
Por otra parte, el limado dental modificaba intencionadamente la forma de algunos dientes.
Estas intervenciones podían estar relacionadas con tradiciones culturales, preferencias estéticas o formas de identificación social.
No obstante, los investigadores todavía deben determinar qué significado tuvieron en los individuos concretos recuperados durante las obras del tren.
No sería correcto atribuir automáticamente estas prácticas a una posición social elevada, una función religiosa o una identidad étnica determinada sin disponer de pruebas adicionales.
Su presencia permite reconocer costumbres corporales que formaron parte de la vida de ciertas comunidades prehispánicas.
Recuperan 308 piezas completas de cerámica teotihuacana, tolteca y mexica
El estudio de la cerámica constituye otra de las líneas principales de investigación.
Los arqueólogos han recuperado 308 piezas completas, entre ellas vasijas, platos, vasos, jarras y recipientes con representaciones figurativas.
Una parte importante procede de Ignacio Zaragoza y Tula.
Los materiales recuperados en Ignacio Zaragoza presentan características relacionadas con la tradición teotihuacana.
En Tula se han identificado piezas asociadas con la cultura tolteca y con ocupaciones posteriores de época mexica.
La clasificación de estos objetos permite estudiar qué comunidades habitaron la región y cómo cambiaron sus costumbres.
También ayuda a comprender qué productos almacenaban, qué utensilios utilizaban para preparar alimentos y qué recipientes podían intervenir en ceremonias.
Los fragmentos de cerámica abarcan numerosos siglos de historia
El Laboratorio de Cerámica se encuentra en la localidad de El Salto, en el municipio de Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo.
El equipo está integrado por 14 arqueólogos y es coordinado por Fabiola de la Rosa Lozano.
Hasta octubre de 2026 se habían examinado 3,800 bolsas con fragmentos cerámicos.
Entre los objetos identificados aparecen:
- Cajetes y platos: recipientes utilizados para diversas actividades domésticas.
- Ollas y tecomates: piezas relacionadas con el almacenamiento y la preparación de alimentos.
- Molcajetes de cerámica: utensilios empleados para procesar determinados productos.
- Malacates: instrumentos asociados con el hilado de fibras.
- Urnas y figurillas: objetos que pueden aparecer en contextos domésticos, funerarios o rituales.
Los materiales abarcan un periodo que comienza en etapas del Preclásico Tardío y llega hasta el Posclásico Tardío, aproximadamente hasta 1521.
Esto permite estudiar una sucesión de ocupaciones y contactos culturales que se extendieron durante muchos siglos.
El análisis también busca establecer diferencias entre los objetos fabricados localmente y aquellos que muestran características propias de otras regiones.
Las 459 figurillas ofrecen pistas sobre las creencias y costumbres antiguas
Entre los materiales cerámicos examinados destacan 459 figurillas, muchas de ellas correspondientes al tipo Mazapa.
Estas representaciones se relacionan con tradiciones culturales presentes en el centro de México entre los siglos VIII y X.
Las figurillas arqueológicas pueden representar personas, animales y otros motivos vinculados con las sociedades que las elaboraron.
Su estudio permite analizar la vestimenta, los adornos corporales y determinadas convenciones artísticas.
También puede aportar información sobre las prácticas rituales, aunque su función depende del contexto en el que fueron encontradas.
Una figurilla localizada en un entierro no necesariamente tuvo el mismo uso que otra recuperada en una vivienda.
Por eso, los especialistas examinan no solo la forma de cada objeto, sino también su ubicación y los materiales que lo acompañaban.
Esta información ayuda a reconstruir aspectos de la vida cotidiana que no siempre aparecen reflejados en monumentos o grandes construcciones.
Más de 11 mil herramientas de piedra revelan las actividades de las antiguas comunidades
Otro de los conjuntos más importantes procede del Laboratorio de Lítica, situado en Tula de Allende.
Ocho arqueólogos, coordinados por Cuitláhuac Héctor Jiménez Valerio, han estudiado más de 11 mil objetos de piedra.
El término lítica hace referencia a los materiales e instrumentos elaborados a partir de rocas y minerales.
Entre los hallazgos figuran puntas de proyectil, navajillas, raspadores, cuchillos, buriles y núcleos utilizados para obtener herramientas.
También se han recuperado metates, manos de metate, hachas y pulidores.
Estos objetos permiten investigar actividades como la preparación de alimentos, el trabajo de diferentes materiales y determinadas prácticas rituales.
| Objeto recuperado | Posible función |
| Navajillas de obsidiana | Corte de distintos materiales |
| Raspadores | Trabajos de desgaste y preparación de superficies |
| Puntas de proyectil | Actividades relacionadas con armas o instrumentos de caza |
| Metates | Molienda de productos alimenticios |
| Hachas de piedra | Trabajos sobre materiales resistentes |
| Buriles | Grabado o trabajo especializado |
| Pulidores | Acabado de objetos y superficies |
Estas funciones son interpretaciones arqueológicas generales. El uso concreto de una pieza depende de sus características y del contexto del hallazgo.
Un alisador de paredes conserva restos de cal
Entre los descubrimientos destaca un objeto especialmente interesante: un alisador utilizado para trabajar paredes que todavía conserva rastros de cal.
Este tipo de herramienta se empleaba en los acabados de superficies arquitectónicas.
Su presencia permite estudiar técnicas relacionadas con la construcción y el mantenimiento de edificios.
A diferencia de otros objetos que se relacionan principalmente con la alimentación o el almacenamiento, esta pieza ofrece información sobre los trabajos de albañilería y decoración arquitectónica.
Los restos de cal constituyen una evidencia material que ayuda a interpretar su posible función.
Es uno de los ejemplos de cómo objetos aparentemente sencillos pueden proporcionar información relevante sobre los conocimientos técnicos de las sociedades antiguas.
La obsidiana revela contactos con otras regiones de México
Uno de los resultados más interesantes corresponde al estudio de los materiales utilizados para fabricar herramientas.
Los arqueólogos han identificado piezas elaboradas con obsidiana negra, verde, dorada y gris.
Parte de esta materia prima procede de yacimientos conocidos, como Sierra de las Navajas, en Hidalgo, y Otumba, en el Estado de México.
La obsidiana fue un recurso muy apreciado en Mesoamérica por sus propiedades para producir instrumentos cortantes.
Su presencia en distintos asentamientos permite investigar las rutas de aprovisionamiento y las relaciones entre comunidades.
Cuando un objeto aparece lejos de la zona donde se encuentra naturalmente su materia prima, puede proporcionar indicios sobre transporte, intercambio o circulación de materiales.
Sin embargo, no siempre demuestra una relación comercial directa entre dos poblaciones.
Los materiales podían pasar por distintos intermediarios y recorrer rutas complejas antes de llegar a su destino.
Por ello, los estudios de procedencia ayudan a reconstruir redes de contacto, aunque todavía deben combinarse con otras evidencias para conocer su funcionamiento.
Hallan materiales procedentes del Golfo de México y del océano Pacífico
Entre los descubrimientos destacan también los objetos de origen marino, algunos vinculados con especies procedentes del Golfo de México y del océano Pacífico.
Los especialistas han identificado materiales malacológicos, término utilizado para describir restos de moluscos, entre ellos conchas de diferentes tipos.
La presencia de estos materiales en el centro del país resulta especialmente relevante porque demuestra que ciertos productos de origen marino llegaron a comunidades situadas lejos de ambas costas.
Los investigadores estudian asimismo cuentas y pequeñas piezas ornamentales de piedra verde y azul.
Estos hallazgos proporcionan indicios sobre contactos culturales y circulación de objetos entre diferentes regiones.
Las investigaciones cerámicas también han identificado vínculos con:
- El Bajío.
- La Huasteca.
- La Costa del Golfo.
- El occidente de México.
- Los valles centrales de Oaxaca.
- Diferentes asentamientos del Valle de México.
Esta diversidad sugiere que las comunidades de la región no vivieron aisladas.
Por el contrario, participaron en procesos de intercambio y contacto que contribuyeron a transformar sus costumbres y técnicas de producción.
Los hallazgos no permiten reconstruir todavía rutas comerciales completas, pero ofrecen pruebas materiales para estudiar cómo pudieron circular bienes e ideas a lo largo de grandes distancias.
Tres laboratorios investigan los descubrimientos del Tren México-Querétaro
La cantidad y diversidad de materiales recuperados ha obligado a organizar un sistema especializado de investigación.
Los trabajos se desarrollan en tres laboratorios ubicados en Hidalgo.
| Laboratorio | Ubicación | Principal objeto de estudio |
| Cerámica | El Salto, Tepeji del Río | Vasijas, figurillas y fragmentos cerámicos |
| Antropología Física | Ignacio Zaragoza, Tula de Allende | Restos humanos y prácticas funerarias |
| Lítica | Tula de Allende | Herramientas y objetos de piedra |
El trabajo conjunto de estos equipos permite relacionar diferentes categorías de evidencia.
Por ejemplo, un entierro puede contener restos humanos, recipientes cerámicos y objetos de piedra.
Estudiar cada material por separado proporciona información específica, pero analizar el contexto completo ayuda a reconstruir mejor el significado del hallazgo.
La limpieza, clasificación y restauración también requieren tiempo, especialmente cuando los restos son frágiles o se encuentran incompletos.
Por ello, el avance del 60% al 70% no significa que las investigaciones estén prácticamente terminadas.
Los materiales examinados todavía deben interpretarse y, en determinados casos, someterse a estudios adicionales.
Qué es el salvamento arqueológico y por qué se realiza durante las obras
El salvamento arqueológico comprende las actuaciones destinadas a identificar, documentar, estudiar y proteger vestigios que podrían resultar afectados por obras de infraestructura.
Su objetivo no consiste simplemente en retirar piezas antiguas del terreno.
Los especialistas deben registrar su posición, las características del lugar y la relación entre los diferentes materiales.
Esta información es fundamental porque un objeto pierde parte de su valor científico cuando se desconoce dónde y cómo fue encontrado.
En proyectos ferroviarios, carreteros o de construcción, las investigaciones arqueológicas permiten conocer el patrimonio existente antes de que determinadas intervenciones modifiquen el terreno.
Cuando aparecen vestigios relevantes, es necesario evaluar las medidas adecuadas para su protección.
Estas pueden incluir estudios adicionales, recuperación controlada de materiales o ajustes técnicos en zonas especialmente sensibles.
Sin embargo, la identificación de 140 sitios en la ruta del Tren México-Querétaro no significa que toda la obra haya sido suspendida ni que todos los sitios estén afectados de la misma manera.
Cada contexto presenta características y necesidades de conservación diferentes.
Qué culturas habitaron la región del actual Tren México-Querétaro
Los materiales analizados muestran la presencia o influencia de distintas tradiciones culturales mesoamericanas.
Entre las principales figuran la teotihuacana, la tolteca y la mexica.
Estas sociedades se desarrollaron en periodos históricos diferentes, aunque algunas tradiciones materiales continuaron utilizándose o transformándose durante siglos.
La influencia teotihuacana
Teotihuacan fue uno de los grandes centros urbanos de Mesoamérica durante el periodo Clásico.
Su influencia alcanzó amplias zonas del territorio y puede reconocerse mediante estilos arquitectónicos, cerámicos y otros materiales.
Las piezas recuperadas en Ignacio Zaragoza presentan características relacionadas con esta tradición.
Su estudio puede ayudar a comprender cómo se extendieron determinadas técnicas y costumbres fuera del núcleo urbano de Teotihuacan.
La presencia tolteca en Tula
Tula fue uno de los principales centros políticos y culturales del centro de México durante el Posclásico Temprano.
La ciudad es conocida por su arquitectura monumental y por su influencia en otras sociedades mesoamericanas.
Los vestigios recuperados en su entorno permiten ampliar el conocimiento sobre actividades que iban más allá de los grandes espacios ceremoniales.
Las herramientas, recipientes y restos funerarios también reflejan aspectos de la vida de las comunidades.
Las ocupaciones de época mexica
Los materiales más tardíos incluyen elementos relacionados con la tradición mexica.
Su presencia demuestra que determinados espacios continuaron siendo utilizados o mantuvieron contactos culturales durante etapas posteriores a la importancia política de Tula.
Esto no significa que todos los asentamientos pertenecieran exclusivamente a una misma sociedad durante siglos.
Las comunidades pudieron cambiar, reorganizarse y mantener vínculos con diferentes centros políticos.
El estudio de las capas arqueológicas y los estilos materiales permitirá precisar mejor estas transformaciones.
Los hallazgos permiten reconstruir más de mil años de historia
Uno de los grandes valores de la investigación es su amplitud temporal.
Los objetos recuperados abarcan desde etapas del Preclásico Tardío hasta el Posclásico Tardío, que concluyó con la conquista española en el siglo XVI.
Esto permite observar cómo cambiaron la producción de cerámica, las herramientas y determinadas prácticas culturales a través del tiempo.
Los descubrimientos también muestran que una misma región pudo recibir influencias de sociedades diferentes.
La existencia de materiales procedentes de varios territorios apunta a procesos de movilidad, intercambio y contacto cultural.
Sin embargo, el estudio todavía está en desarrollo.
Los especialistas deben determinar qué objetos fueron producidos localmente, cuáles llegaron desde otras zonas y qué significado tuvieron dentro de cada asentamiento.
La información recuperada permitirá construir una visión más completa de la historia del corredor entre el Valle de México, Hidalgo y Querétaro.
Qué ocurrirá con las piezas recuperadas durante la construcción
Los materiales se encuentran bajo estudio y resguardo especializado.
El proceso incluye su registro, limpieza, clasificación y conservación para futuras investigaciones.
Las piezas completas y los objetos que presentan características relevantes pueden requerir tratamientos específicos.
Lo mismo ocurre con los restos humanos, que necesitan condiciones adecuadas de preservación y procedimientos especializados de análisis.
Por el momento, no se ha anunciado una exposición pública general de todos los objetos recuperados ni una fecha para presentar una colección completa.
Tampoco se ha confirmado que los hallazgos vayan a integrarse en un nuevo museo.
El destino de las piezas dependerá de las decisiones de conservación, investigación y gestión patrimonial que correspondan.
La prioridad científica consiste en documentar los descubrimientos y comprender sus contextos antes de plantear posibles formas de exhibición.
Los resultados podrían contribuir a futuras investigaciones sobre la ocupación prehispánica del centro de México.
El Tren México-Querétaro descubre una historia que todavía permanece bajo tierra
El salvamento arqueológico asociado al Tren México-Querétaro ha permitido registrar alrededor de 140 sitios y recuperar materiales que reflejan siglos de ocupación humana.
Los 121 individuos identificados, las 308 piezas completas de cerámica, las 459 figurillas y los más de 11 mil objetos de piedra ofrecen una oportunidad para estudiar las condiciones de vida, las prácticas funerarias y las relaciones económicas de las antiguas comunidades.
La presencia de conchas marinas y materias primas de diferentes regiones también proporciona nuevas pistas sobre los contactos que mantuvieron las sociedades mesoamericanas.
Aunque buena parte del material ya ha sido examinada, todavía queda trabajo para interpretar los descubrimientos y reconstruir su contexto histórico.
La construcción de una nueva vía ferroviaria está permitiendo conocer caminos mucho más antiguos: los que conectaron durante siglos a las comunidades del centro de México con el Bajío, la Huasteca y las costas del país. El verdadero valor de los hallazgos no reside únicamente en la cantidad de piezas recuperadas, sino en la información que pueden aportar sobre las personas que habitaron esos territorios mucho antes de que existieran las actuales ciudades y medios de transporte.